p1040421     El pasado 8 de marzo, María Yáñez Barroso de 1º Bach G, Remedios Redondo Araújo y Mª Pilar Guerra Morato de 4º ESO B acompañadas por Marta Rosa, profesora de Economía y el que suscribe salimos hacia Berlín y Wasungen como parte de las dos visitas previstas para este curso escolar, dentro del Programa de Aprendizaje Permanente (antes Sócrates).
   
    Tras viajar toda la noche llegamos Schönefeld, uno de los dos aeropuertos de Berlín, que aun siendo el más grande, nos sorprendió su tamaño, que no llega a ser el de una de las terminales de Barajas. Allí nos esperaba Brunhilde –compañera alemana en el proyecto-, más tarde se nos unió Erhard – compañero alemán- y todos nos dirigimos al hotel. Ya de camino pudimos hacernos una idea de lo que íbamos a ver al tener la oportunidad de coger un tren urbano en la nueva Hauptbahnhof, la estación más grande de Europa y que, en pleno centro de Berlín, está preparada para recibir más de 1000 trenes diarios, incluidos los urbanos, y por el que transitarán 300.000 personas al día.
 
    Después de un desayuno típicamente berlinés, dejar nuestro equipaje en el hotel y dar la bienvenida a nuestros compañeros polacos, comenzamos nuestra visita a la ciudad, que por causas ajenas resultó más corta de lo previsto, con la Berliner Dom, catedral protestante de Berlín, símbolo del imperialismo alemán del siglo XIX que acoge los restos de los principales emperadores y reyes de la Alemania imperial y que, como gran parte de la ciudad, fue prácticamente destruida por los bombardeos durante la II Guerra Mundial y lo que hoy podemos ver es una reconstrucción que costó millones de marcos. Su portada se encara al jardín Lustgarten, donde Marta pudo recordar lo frío que se te pueden quedar los pies cuando estás mucho tiempo parado.
 
    A continuación nos dirigimos a la Puerta de Brandeburgo, auténtico símbolo de la ciudad situada en la Plaza de París formando el final de la Avenida Unter den Linden y muy cercana al Reichstag y la Potsdamer Platz. Con la construcción del Muro de Berlín en 1961, la Puerta de Brandeburgo quedó en tierra de nadie, sin acceso del este ni del oeste, solamente soldados fronterizos e invitados especiales de la RDA tenían acceso al monumento. Hacía muchísimo frío, no llevábamos ropa adecuada y eso hizo que tras la visita a la Puerta de Brandeburgo tuviésemos que regresar al hotel.
 
    Nuestro segundo día en Berlín amaneció luminoso y menos frío y ante las dos opciones que teníamos de visitar el Museo de Ciencias Naturales (Museum für Naturkunde) o el Museo de Arte (Bode-Museum), nos decidimos por el primero, al que nos acompañó nuestro buen colega y amigo Erhard y su alumna Miriam. Lo primero que impresiona al entrar es el esqueleto del dinosaurio Brachiosaurus brancai, el esqueleto de dinosaurio más grande jamás expuesto en un museo y que pronto estará en el Libro Guinnes de los records con sus 13,27 metros de altura. También es espectacular el espécimen original del ave primitiva Archaepteryx lithographica, el más famoso fósil del mundo. El resto del museo también merece la pena por la mayoría de las especies existentes hoy y una gran exposición de minerales.
 
    A este Museo le siguió otro: el Museo al Holocausto, muestra palpable de que el pueblo alemán ha sabido reconocer uno de los más graves y dolorosos sucesos de su historia. En una de sus salas, Sala de los Nombres, se da lectura en alemán e inglés de los nombres y biografías de todas las víctimas causadas por el exterminio nazi. Como dato anecdótico decir que escuchar todos esos nombres y biografías nos llevaría seis años, siete meses y veintisiete días. Paseo por la ciudad, un ratito para comer y como final de la visita a Berlín un tour fluvial por el río Speer que nos sirvió para ver el contraste entre la nuevas edificaciones, inmensas moles de cristal, junto a las más antiguas. Contraste que a quien lo contempla no le resulta anacrónico en absoluto. Es incluso bello. Lo han sabido hacer bien estos alemanes.
 
    Una última cosa y de la que deberíamos aprender: a pesar de las grandes avenidas propias de una gran ciudad, sorprende el poco ruido del tráfico y la razón es que los Berlineses, en su mayoría, se mueven por la ciudad en bicicleta. Siendo enorme, Berlín resulta una ciudad limpia y tranquila.
 
    El tercer día marchamos hacia Wasungen, donde Herr Leifer (dueño del hotel) nos esperaba con las famosas BRATWURST, esas salchichas enormes que meten en un minúsculo bollito de pan, en una parrilla y listas para comer. El fotógrafo de un periódico local nos hace la foto de rigor para cubrir la noticia de nuestro encuentro Comenius y nuestros alumnos se marchan a la casa de sus compañeros correspondientes.
 
    Al día siguiente visitamos la ciudad de Eisenach, con la casa-museo de Johan Sebastian Bach en la que tuvimos la ocasión de escuchar, interpretadas por nuestro guía, partes de su obra en los diferentes órganos y pianos que el músico utilizó. Unas horas para recorrer la ciudad y emprendimos camino a Wartburg, ciudad famosa por su castillo. Cuenta la leyenda que el conde Luis el Caballero, fundador del castillo, yendo un día de cacería llegó a la cima de una montaña y le pareció tan hermoso el paisaje que decidió construir su castillo allí mismo. Para poder argumentar contra los propietarios legítimos de la región hizo llevar hasta allí tierra de sus propiedades y echarla sobre la plataforma de rocas antes de construir sobre ella la torre y los muros. Así pudo jurar ante el emperador que el castillo estaba construido sobre sus propias tierras.
 
    Nuestro penúltimo día lo pasamos en Meiningen – un museo más sin mucho que destacar-, vuelta a Wasungen para despedir a nuestros compañeros de Polonia a quienes les esperaba un viaje en autobús de 16 horas y por la tarde, de nuevo con nuestro amable Erhard, nos fuimos a otra interesante ciudad, Denkmal, otro castillo y cena en un coqueto restaurante. Nos despedimos de nuestro anfitrión y a descansar para el largo viaje de vuelta a casa que nos esperaba al día siguiente.