Estudiar Historia significa conocer los cimientos de nuestra vida actual, saber de dónde venimos, quiénes somos y aumentar las probabilidades de saber a dónde vamos. Sin embargo, no pocas veces lo asociamos a un enojoso ejercicio de memoria o una acumulación de datos que no nos va a servir para nada y que, en el fondo, no nos importa demasiado. No es raro entonces que en las escuelas y familias se rinda pleitesía al mundo de la tecnología o el saber de las Ciencias, y en muchos casos, se deje ver al adolescente que eso de la Historia es una asignatura aburrida que es preciso aprobar; ni más ni menos...

Nuestra sociedad cambia vertiginosamente y los caminos para el aprendizaje también. Día a día, en nuestras clases, debemos luchar por innovar y buscar formas de llegar al alumnado con actividades que despierten su curiosidad e interés, para que puedan asimilar nuevos conocimientos incorporándolos a lo que ya saben. Y es un error pensar que no podemos usar estas nuevas herramientas con "viejas" asignaturas, reforzándose mutuamente y haciendo que pueda llegar a ser un placer aprender (no exento de esfuerzo). Aquí os dejamos algunas de las experiencias que en este sentido ha llevado a cabo nuestra compañera Gloria Jaraíz, con sus alumnos de 4º de ESO. El vídeo es de Inés Cendal y Laura Gómez, y esta presentación, de Isabel Montes y Laura Talavera. Seguro que así no se olvidan de James Watt y la máquina de vapor :)