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    Para este mes de abril, en el que se celebra el Día del Libro, hemos seleccionado de nuestra Biblioteca una obra especial: un libro para ver y leer, un libro para "no lectores".

    Seis barbas de besugo y otros caprichos es un homenaje al libro como objeto; en la época del ciberlibro y el  blog, es de agradecer el personalísimo y original trabajo de  la editorial valenciana Media Vaca, especializada en libros para niños y jóvenes, que de forma artesanal  dota a sus obras de una cuidada edición y magníficas ilustraciones. Son libros para leer, pero también para poseer como algo preciado,  para regalar a quien queremos,  para tocar y mirar... para disfrutar.

 

    Seis barbas de besugo y otros caprichos reúne una selección de cincuenta caprichos de Ramón Gómez de la Serna, autor vanguardista de estilo único y personalísimo, en un delicioso volumen ilustrado por Alfredo con un estilo expresionista y naïf.

 

    Los caprichos son un género narrativo genuinamente ramoniano que, como las greguerías, atraen inmediatamente la atención del lector y lo sumergen en ese mundo de imágenes sorprendentes, humor, provocación y surrealismo característico de su autor. Se trata de pequeñas narraciones, hoy las denominaríamos  microrrelatos, cuya extensión oscila entre las cinco líneas y la pagina y media, aunque la mayoría anda en torno a la media página. Muchos son greguerías amplificadas, como el inquietante relato Aquella muerta, que reproducimos más abajo.

 

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    En estos relatos el  autor dirige una mirada atenta a la realidad, no desprovista de crítica, de la que surgen  ideas ingeniosas o sorprendentes que dan lugar  a relatos fantásticos, maravillosos o insólitos con toques de humor absurdo o surrealista, cuya lectura resulta muy sugestiva.

    Los magníficos dibujos del ilustrador Alfredo Sánchez, (Alfredo), con predominio  de un rojo  que da intensidad a las imágenes,  complementan esa visión absurda e  irónica de la realidad.

    Reproducimos algunos caprichos:

                                 

NO PUDO SER CACEREÑO

Luis y Luisita, sorprendidos por la proximidad del acontecimiento esperado, tomaron el tren para que el niño que naciese fuese cacereño puro.

Se fueron en el rápido-exprés-ligero y pagaron sobretasa de velocidad.

Todo inútil. En medio del viaje ocurrió el percance. El tren tuvo que detenerse, y acondicionada en una camilla, fue trasladada Luisita al pueblo próximo, el pueblo de Mondregón.

Ya el Luisito que nació sería siempre puro mondregonés, es decir, una especie de mondrego, un chico basto y como menos hijo de ellos que si hubiese nacido en Cáceres.

 

 

                                                   DON ETCÉTERA   
tcAquel maestro tenía el truco de los etcéteras y acababa  el primer ejemplo que ponía con una escalera de etcéteras.
-Porque la historia tiene héroes como César, etc., etc.
-Porque hay cereales como el trigo, etc., etc.
Los alumnos aguantaban aquellos etcéteras, pero se les fueron indigestando como algo duro, insustancial, que les caía en el estómago y no pasaba de allí.
Un día todos los alumnos cayeron enfermos, como víctimas de una indigestión colectiva, y el parte facultativo hizo notar que todos estaban "intoxicados de etcéteras.

 

 

 AQUELLA MUERTA

  Aquella muerta me dijo:
-¿No me conoces?... Pues me deberías conocer... Has besado mi pelo en la trenza postiza de otra.